En la multitud,
nada me importa más que mi propio reflejo en las ventanas,
de la enferma ciudad que me sostiene y me acompaña.
La paciencia está desapareciendo y siento que todo lo que hice alguna vez está al raz de las mentiras auto sugeridas por personas que no saben realmente quien soy.
No quiero dejar de ser yo ni por un instante en el que cierro mi mundo y todo es tan lejano como un sueño, como la pesadilla que me persigue y me reclama viva o muerta,
No quiero exponer mis sentimientos para que sean victimas de herederos de nada,
No quiero ser prisionera de tontos imitadores que creen en las parabólas de mundos exteriores...
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